Jaime Cajilema viste con elegancia a varias generaciones

Imprimir
Categoría: El Personaje
Fecha de publicación

Desde hace 45 años, funcionarios públicos, artistas, estudiantes y público en general, han lucido los trajes confeccionados por Jaime Cajilema. Los ternos con la marca de este compatriota han viajado hasta la parte más recóndita del planeta.

 

Hace medio siglo, el Centro Histórico de Quito, era muy concurrido principalmente en el sector El Tejar, donde había un intenso movimiento comercial. Para las personas que viven desde hace décadas en la capital, es muy familiar el nombre “Ipiales”, que identificaba a una feria de mercadería colombiana que se ubicó en las calles céntricas de la urbe.

Con el transcurso del tiempo, el Municipio organizó las ventas informales, las cuales actualmente se ubican en varios centros comerciales distribuidos en la zona mencionada. En ese escenario surge una familia dedicada a la confección y venta de ternos y camisas, se trata de la familia Cajilema.

Don Jaime, que actualmente tiene 65 años, menciona que proviene de una familia dedicada al comercio, “mis padres son comerciantes, son fundadores de la famosa calle Ipiales de hace 50 o 60 años, yo crecí en ese medio y aprendí en el trabajo diario, porque les ayudaba a ellos”.

Para mejorar las técnicas de atención al cliente y optimizar su negocio, siguió cursos de Contabilidad, y obtuvo en título de licenciado en Administración de Empresas, en la Universidad Central.

Pertenece a una familia quiteña, originaria del popular barrio de Guajaló, al sur de la ciudad. En ese sector gran parte de los vecinos se ha dedicado al comercio. Posteriormente sus padres vinieron al centro de la capital y se colocaron unos puestos de venta ambulante.

 “Crecimos ayudándoles a ellos, cargando las maletas, llevando los caballetes y tableros. Mis padres iban de barrio en barrio vendiendo en las ferias libres que había en ese tiempo. Por decirle el lunes era en el barrio América, el martes en San Roque, miércoles en Santa Clara y jueves en La Floresta”.

Son cuatro hermanos, tres hombres y una mujer; todos se dedican al comercio. Don Jaime tiene cuatro hijos: dos médicos y dos ingenieros y una nietecita.

Nace la idea de comercializar ropa formal

“Yo vine a la Plaza de San Francisco a los 21 años, porque en aquel entonces contraje matrimonio y había que independizarse de mis padres. En aquel tiempo, este sector no era comercial, pero había que aprovechar que me arrendaron un local”.

Allí se dedicó a la venta de otro tipo de mercadería, es decir suéteres, pantalones, camisas, pero no era muy rentable.

 “La idea de poner a la venta ternos, ropa formal surge a partir de la inauguración de la última etapa democrática en el Ecuador, con el ex presidente Jaime Roldós Aguilera, quien trajo mucha gente de la costa para trabajar en el Palacio de Gobierno, Vicepresidencia y los ministerios”.

En ese tiempo, la mayoría de dependencias públicas y el sector bancario funcionaban en el Centro Histórico de Quito. Por disposición del presidente de la República, los funcionarios y empleados públicos debían estar bien presentados.

“Por casualidad, puse en exhibición unos dos o tres ternos que alguien me vendió. Les gustó y me pidieron que trajera más porque había mucha gente interesada, entonces de a poquito fuimos aumentando el número de ternos”.

Posteriormente para abaratar costos, don Jaime viajó a Guayaquil a buscar telas a precios más convenientes, aunque el valor de la confección era caro. Algunos importadores le proporcionaron telas de buena calidad, pero a precios de remate porque no se vendían.

 “Esas telas impactaron, volvimos a Guayaquil a buscar más telas que no eran muy cotizadas por el público: casimir, algodón con lana, algodón con poliéster. Pero había gente que vino de la costa, que quería una tela más liviana, para ellos más conseguimos telas de algodón y combinación con poliéster”.

En Guayaquil, Teófilo  Bucaram había importado tela que se llamaba winsor y tenía embodegada cientos de piezas de tela  “y me decía te doy a lo que me des, llévate. Me parecieron colores agradables muy sobrios, le dije me llevo una parte para probar, y en Quito les gustó”.

Surge la marca Jaime Cajilema

Los ternos no tenían etiqueta, pero como se trata de un negocio familiar, sus hijos, al ir creciendo, le dieron algunas sugerencias. “Aquí está mi nombre, porque como padre me he constituido en líder del grupo, pero cada uno de ellos han puesto sus ideas”.

Uno de sus hijos le mencionó que había una marca posicionada en aquel entonces como fue Gonzalo Sánchez. Los grandes sastres de Quito eran reconocidos por su nombre, por ejemplo, Julio Vinueza.

“Entonces mijo me dice: pongamos el propio nombre nuestro. Mandamos a hacer etiquetas en cartón para ponerle colgado con un hilito, luego poco a poco fuimos madurando la idea, ya vinieron por acá gente especializada en etiquetas a ofrecernos un mejor producto”.

A continuación, no faltaron las recomendaciones sobre la manera correcta de colocar la etiqueta tanto en la chaqueta como en el pantalón, y sobre la manera que iba a quedar mejor de acuerdo con las normas del marketing para que impacte en el cliente. Eso ocurrió en los años noventa.

El aporte de la empresa que provee los materiales fue decisivo, porque cada uno de ellos daba ideas sobre cómo mejorar la oferta y colocar el producto a la altura de otros países. “Mis hijos decían, a lo largo del tiempo vamos a ver los resultados”.

Don Jaime aclara que no ha buscado ser famoso ni popular, sino que siempre ha estado interesado en ofrecer un buen producto para que el cliente se sienta satisfecho a precios razonables.  “La forma de comercializar ha sido en la calle, eso ha hecho que seamos bien conocidos”.

Sus ternos han recorrido el mundo

En los últimos tiempos, Jaime Cajilema recibe asesoramiento italiano porque sus hijos que han estudiado fuera del país han aportado con una serie de iniciativas para posicionar la marca. “Mis hijos que son ingenieros me han dicho, papi esto no tiene que perderse. Ellos estudiaron Diseño y Moda en Milán (Italia), y son los primeros diseñadores del Ecuador en estudiar allá”.

Por medio de ellos, tenemos contacto con las grandes casas de moda en Italia, ellos nos proporcionan información constante de los últimos adelantos en la moda. Ellos lideran todo lo que tiene que ver con moda, colores, calidad, y diseños.

“Tenemos la bendición de Dios de que muchos ecuatorianos que trabajan en Italia, España, Francia e Inglaterra, mandan a sus familiares a comprar acá su terno, porque dicen que casi son los mismos ternos, pero allá es muy caro”.

Recientemente fueron llevados a Italia 12 ternos para una familia que tenía una boda, porque dicen que allá es extremadamente caro. En el minicentro de Jaime Cajilema un terno promedio cuesta 40 o 50 dólares, pero solo la confección está entre 120 y 130 dólares, allá debe costar mucho más.

Los ternos de don Jaime Cajilema tienen una buena acogida en el público, y está agradecido de que muchas personas se han vestido con esta marca. “Nunca pensamos que vamos a llegar a este nivel, yo trabajaba por mis hijos, por mi familia, para mantener a mis obreros a mis colaboradoras”. Alrededor de 50 familias dependen de esta iniciativa y unas 30 personas laboran en atención al cliente.

Artistas, políticos y estudiantes lucen esta marca

“La gran mayoría de artistas, de políticos los he vestido, por ejemplo, uno de los hijos del extinto presidente Jaime Roldós. Entre los artistas están Don Medardo, la Onda Latina, los Hermanos Núñez, Trío Colonial, entre otros”.

Aquí se les toma las medidas y les confeccionamos de acuerdo con el modelo que ellos soliciten. Siempre para un artista requiere un modelo extravagante, que impacte en el público. Se realiza un acuerdo con ellos, se le da a un precio económico, pero se les pide que mencionen en el escenario que se han vestido donde Jaime Cajilema.

La gran mayoría de colegios y escuelas se visten en el minicentro Jaime Cajilema. Los rectores piden que se preparen los uniformes para sus estudiantes, y repentinamente los alumnos acuden al local para escoger el terno de su agrado.

Todos los días don Jaime Cajilema con un sombrero característico, permanece fuera del minicentro en la Plaza de San Francisco, calle Sucre y Cuenca en donde ofrece los ternos a precios cómodos.

“Yo nací en esto, es mi vida, mis hijos me reclaman, papi ya es hora de que se siente tras un escritorio que tenga mi oficina, alguna vez intenté, pero me quedé dormido, porque no estoy acostumbrado a eso. Mi vida es estar en la vereda y estar en contacto con el público y estar hablando todos los días con la gente”.

Yo sigo con la misma humildad de siempre y eso la gente lo reconoce porque seguimos siendo los mismos que cuando iniciamos y así seguiremos. Yo me siento satisfecho, me siento realizado. Nunca pensé llegar a este nivel, ser una persona muy conocida en Quito, conocida en el país, uno lo hace por servir a la gente, y este es mi ambiente, por eso ms siento como pez en el agua.

Gracias a Dios todo lo que hemos hecho ha sido gracias al trabajo. Estoy muy agradecido de la vida, de Dios, de la gente que ha compartido con nosotros que ha venido a comprar nuestros productos, de los dueños de la casa donde funciona el local en San Francisco.

Jaime Cajilema con voz serena expresa su satisfacción por haber establecido amistad con una serie de personas a lo largo de sus 45 años de trabajo, entre ellos los gerentes de los bancos, trabajadores de medios de comunicación, y con los miembros de la comunidad franciscana.

El empresario afirma que ha vestido a varias generaciones. “Vienen abuelitas que me dicen que compraban los uniformes cuando tenían hijos pequeñitos, pero sus hijos crecieron y ahora vienen ellos con sus hijos a comprar los uniformes. Los abuelitos y bisabuelitos vienen a recordar como compraban aquí con sus familias de 6 a 8 hijos. En algunos casos no me acuerdo, pero ellos si se acuerdan de mí”.

Pero también esta pequeña empresa ha sido el sostén de varias familias. Gracias a este trabajo han construido sus casas y han educado a sus hijos. Algunos de ellos se han retirado, pero han quedado sus hijos laborando en su lugar.

Con un tono emocionado don Jaime concluye: “Gracias a mi ciudad a mi país, gracias por haber visitado alguna vez el minicentro comercial, sin el apoyo de ustedes no habríamos podido servirles, gracias a nombre de mi familia, de mis hijos, mi esposa, y de la gente que aquí trabaja. Estoy muy emocionado porque aspiro seguir sirviendo a los clientes con el mejor producto y el mejor trato a la gente, gracias al público que nos conoce y a la que nos conocerá con esta entrevista”. (I)

Fuente: B.C.L/Infórmate y Punto

Diseño y Hosting: www.kalfukura.com