Francisco Escandón Guevara

La historia del Ecuador registra un sinfín de agresiones sufridas por la voracidad de las potencias imperialistas. Desde siglos atrás las mutilaciones territoriales y la expoliación de recursos naturales, legitimadas por la sumisión de las élites, se convirtieron en constantes amenazas a la soberanía nacional.

Así lo testimonian las actividades pesqueras actualmente desarrolladas por la flota china, por más de 260 buques, en aguas cercanas a las Islas Galápagos que tienen la particularidad de ser una de las áreas con mayor densidad de vida marina del mundo entero.

No se trata de un hecho accidental, los conflictos de jurisdicción marítima son constantes. En el siglo anterior, durante la guerra del atún, se detuvieron buques norteamericanos por invadir el mar territorial ecuatoriano; en los últimos años las faenas pesqueras del gigante asiático constituyen un peligro para la riqueza ictiológica y biológica del archipiélago, pues el crecimiento de su consumo desafía los controles marítimos por dos razones fundamentales: la deficiente capacidad operativa de la fuerza naval y la adhesión del Ecuador a la Convención del Mar (CONVEMAR).

La CONVEMAR, suscrita por el gobierno de Correa en el 2012, sustituyó las 200 millas de mar territorial por apenas 12 y adjuntó las restantes 188 en condición de zona económica exclusiva. Al contrario de defender los intereses nacionales, como justificaron los seguidores del prófugo, se redujo el mar territorial en más de 1 millón de kilómetros cuadrados.

Alrededor de esas aguas marinas, en el corredor de la zona económica exclusiva, área en la que se extinguió la soberanía nacional, los buques chinos desarrollan sus indiscriminadas faenas pesqueras, abastecidos con combustible comprado a empresarios ecuatorianos que prefieren acumular capital antes que los intereses patrios.

Frente a estas arbitrariedades, la respuesta de Moreno es blandengue. Formar una comisión de notables aristócratas no resuelve el problema, sólo lo burocratiza y muestra debilidad ante el imperialismo chino que tiene la ventaja diplomática de ser el mayor prestamista, entre los países, que avasalló a los gobiernos de Alianza País.

El ex presidente Noboa dijo “la soberanía no se come”, allí se resume el pensamiento entreguista de las élites. Al contrario, la tarea del pueblo es defender sus recursos naturales, de eso depende su futuro estratégico.