“El entorno físico y cultural en el que he vivido las más elevadas experiencias de democracia aplicada, en toda América Latina, ha sido el interior de una logia de masones.
 
Lo cual no es poco decir, si se tiene en consideración que he trabajado los últimos 10 años como asesor en parlamentos y consejos institucionales que reclaman, para sí, ser el corazón mismo de la democracia representativa o participativa. 
 
(…)  Sin embargo, desde que el ser humano se volvió un “animal hackeable”, es decir, desde que existe la tecnología que le permite saber a un gobierno o a una empresa transnacional lo que sentimos y pensamos, e incidir en nuestras decisiones y creencias, la libertad y la democracia en los términos descritos cada vez es menos posible, ni siquiera en ese reducto constituido por las logias de masones”.
 
*Romel Jurado Vargas*