La jornada de ayer fue agridulce en el Reino Unido. Solo horas después de que el país celebrara el inicio de la inmunización con su vacuna de sello nacional, desarrollada por AstraZeneca y la Universidad de Oxford, el primer ministro Boris Johnson anunciaba la entrada en vigor de un nuevo confinamiento estricto como el de la primera ola, el pasado marzo. Esta vez durará, al menos, siete semanas.

Así, pese a que la intención del Gobierno es vacunar a un ritmo de dos millones de personas por semana, la alegría se vio eclipsada por el anuncio en rueda de prensa de las nuevas restricciones para evitar la propagación del virus, que según las autoridades se encuentra «fuera de control».

El partido Laborista había pedido expresamente al «premier» el domingo que ordenara un tercer confinamiento de toda la población, tras superarse por sexto día consecutivo la barrera de los 50.000 casos positivos diarios y tras conocerse que los hospitales están tan saturados que hay enfermos de Covid-19 que están siendo atendidos en ambulancias.

Ayer, los jefes médicos del Reino Unido y el director médico del NHS (el sistema nacional de salud) de Inglaterra declararon en un comunicado que «existe el riesgo de que el NHS se vea abrumado en varias áreas durante los próximos 21 días», ya que «actualmente hay tasas muy altas de transmisión comunitaria, con un número sustancial de pacientes con Covid-19 en hospitales y en cuidados intensivos», y añadieron que «los casos están aumentando en casi todas partes del país, en gran parte impulsados por la nueva variante más transmisible» del virus.

Las medidas anunciadas por Johnson, similares al cierre de marzo, entraron en vigencia a la medianoche de ayer y se espera que los diputados voten su aprobación mañana. Así, además de que todo el comercio, la restauración, la hostelería y el entretenimiento estarán cerrados, se le pedirá a la población que trabaje desde casa.

Las familias no podrán salir de sus hogares salvo por motivos excepcionales, como hacer ejercicio o recibir atención médica y por supuesto no podrán mezclarse con otras personas.

Escocia también se cierra
También la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, dictó ayer la orden de quedarse en casa, aduciendo que la nueva cepa del virus, más contagiosa, está provocando un aumento imparable de casos. Sturgeon aseguró que está «más preocupada por la situación que enfrentamos ahora que en cualquier momento desde marzo del año pasado», y que la nueva cepa representa la mitad de los casos. Además, advirtió de que la «fuerte tendencia» en el aumento de las infecciones amenaza con ejercer «una presión significativa» sobre los servicios hospitalarios.

Por si el panorama no fuera lo suficientemente desolador, el ministro de Sanidad, Matt Hancock, manifestó sentirse «increíblemente preocupado» por la nueva mutación que se cree se originó en Sudáfrica y que ahora está circulando también en el Reino Unido, y contra la que las vacunas actuales podrían no ser efectivas.

En esta línea se expresó también en un programa de radio John Bell, profesor de medicina en Oxford. «Me preocupa mucho la cepa sudafricana», aseveró, porque «las mutaciones asociadas con ella suponen cambios bastante sustanciales en la estructura de la proteína», cambios que afectan la forma en la que el virus se une a las células humanas, lo que a su vez podría afectar la efectividad de las vacunas que ya se están administrando a la población. «La verdadera pregunta es si las vacunas son suficientes para neutralizar el virus o, en presencia de las mutaciones, quedarán inhabilitadas», se preguntó. Bell advirtió que «veremos muchas variantes» del virus, pero que la buena noticia es que las vacunas existentes podrían ajustarse a estos cambios.  Fuente: ABC de España. (I)