El 25 y el 26 de abril de 1986, se produjo el peor accidente nuclear de la historia en el actual norte de Ucrania cuando un reactor de una central nuclear explotó y ardió. El incidente, rodeado de secretos, fue un momento decisivo tanto en la Guerra Fría como en la historia de la energía nuclear.

Según se recuerda en una publicación de National Geographic, El 25 de abril de 1986, se programó el mantenimiento rutinario del cuarto reactor de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin y los trabajadores planearon utilizar el tiempo inactivo para probar si el reactor podía enfriarse si la central se quedaba sin suministro eléctrico.

Sin embargo, durante la prueba los trabajadores incumplieron los protocolos de seguridad y aumentó súbitamente la potencia centro de la central. A pesar de los intentos de apagar el reactor, otro aumento de potencia provocó una reacción en cadena de explosiones en su interior. Finalmente, el núcleo de reactor quedó expuesto y expulsó material radiactivo a la atmósfera.

El mundo enseguida se dio cuenta de que estaba presenciando un acontecimiento histórico. Hasta el 30 por ciento de las 190 toneladas métricas de uranio de Chernóbil estaban en la atmósfera, y la Unión Soviética evacuó finalmente a 335.000 personas y estableció una «zona de exclusión» de 30 kilómetros de ancho alrededor del reactor.

Los científicos estiman que la zona que rodea la antigua central no será habitable hasta dentro de 20.000 años.

El Comité Científico de las Naciones Unidas para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas ha informado de que más de 6.000 niños y adolescentes desarrollaron cáncer de tiroides tras haberse expuesto a la radiación del incidente, aunque algunos expertos han rebatido dicha afirmación.

Los investigadores internacionales han pronosticado que, en última instancia, unas 4.000 personas expuestas a altos niveles de radiación podrían sucumbir a cánceres vinculados a la radiación, y que unas 5.000 personas expuestas a niveles inferiores de radiación podrían correr la misma suerte. Con todo, las consecuencias totales del accidente, como los impactos en la salud mental y las generaciones posteriores, siguen siendo un tema de debate y estudio.

Unos meses después de que el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil estallara en llamas tóxicas en 1986, fue encerrado en un «sarcófago» de hormigón y acero para contener el material radiactivo de su interior. Dicha estructura antigua, que vemos en esta imagen, fue recubierta con un recinto de contención más nuevo en 2016.

Se cumplen ahora 35 años del accidente en la central nuclear de Chernóbil (Ucrania). Este accidente, el más grave de la historia nuclear, provocó la evacuación de unas 350 000 personas y la creación de una zona con asentamiento humano limitado. Esta área de más de 4 000 km² quedó, básicamente, despoblada, sin actividad humana y con los animales salvajes como únicos ocupantes. Esta situación se ha mantenido hasta la actualidad.

La zona de exclusión de Chernóbil da cobijo hoy a una gran diversidad de fauna, incluidos muchos de los grandes mamíferos europeos, como el lince boreal, el oso pardo y, también, el lobo.

El lobo es una especie que despierta pasiones encontradas. Para unos representa una grave amenaza a la ganadería extensiva y las tradiciones rurales. Para otros es el símbolo de la naturaleza salvaje y pieza básica para el equilibrio de los ecosistemas.

A pesar de ser una especie protegida en toda Europa, es perseguido incesantemente. Al lobo se le ha continuado cazando tanto en países donde escasea, como Suecia y Noruega, como en países en los que es más frecuente, como España. Acosado hasta el exterminio en gran parte de Europa, el lobo acabó arrinconado en unos pocos refugios remotos. Paradójicamente, Chernóbil se ha convertido en uno de ellos.

Los lobos de Chernóbil

En el momento del accidente los lobos estaban presentes en Chernóbil, aunque intensamente perseguidos por la población local. Tres décadas después, Chernóbil mantiene una de las mayores densidades de lobos de Europa. Estudios de campo en la parte bielorrusa de la zona de exclusión han revelado que allí viven más de 100 individuos por cada 1 000 km² . En esa área los lobos son siete veces más abundantes que en reservas naturales cercanas.

Además, la abundancia de lobos en Chernóbil no está condicionada por los niveles de radiación. La especie ocupa toda la zona, desde las áreas menos contaminadas hasta ambientes como el del bosque rojo, uno de los lugares más radioactivos del planeta. Hasta la fecha, no se ha detectado ningún efecto negativo de la radiación sobre los lobos que viven en Chernóbil.

Algunos investigadores opinan que la presencia de lobos en Chernóbil es solo un reflejo del aumento de sus poblaciones a lo largo de toda Europa. Pero esto no justifica por qué son tan abundantes allí, más que en ninguna otra zona, ni por qué ocupan todos los hábitats óptimos en Chernóbil, independientemente del nivel de radiación.

Varias claves explican la abundancia de lobos en Chernóbil. La ausencia de persecución directa por los humanos, ausentes de la zona, es la principal. El mantenimiento de una zona muy amplia libre de la presencia humana es determinante. En comparación con los más de 4 000 km² de Chernóbil, el parque nacional de los Picos de Europa ocupa solo unos 650 km². La zona de exclusión acoge además una gran abundancia de las principales presas naturales del lobo: alce, ciervo, jabalí y castor. Sin interferencia humana, aún a pesar del ambiente radiactivo, el lobo y sus presas mantienen un sistema predador-presa totalmente natural.

Lobos en movimiento

Recientemente se ha detectado a un lobo juvenil equipado por los científicos con un collar transmisor GPS dispersándose desde Chernóbil hacia zonas del exterior. Esto refleja que Chernóbil empieza a actuar como un lugar desde el que la fauna se expande a áreas cercanas, y no como un área de mala calidad en la que los animales entran y mueren por la radiación.

El desplazamiento de este lobo no se diferencia del que realizan numerosas especies migratorias que usan Chernóbil durante la temporada de cría o la época invernal, y no constituye ningún riesgo para la fauna de otros lugares. La dispersión de individuos jóvenes es un proceso natural en estos animales, fruto de la necesidad de buscar nuevos territorios en poblaciones con una alta densidad. En ningún modo contribuye a expandir mutaciones causadas por la radiación que puedan ser negativas para la especie.

El futuro de los lobos de Chernóbil

La zona de exclusión de Chernóbil se enfrenta ahora, tres décadas después del accidente, al reto de definir su futuro y, con él, el de los lobos que la habitan.

Será necesario compatibilizar el manejo de una zona todavía contaminada, con el desmantelamiento de la central nuclear, el creciente turismo y la conservación de la naturaleza.

En Chernóbil existe la oportunidad de preservar un área de una extensión casi única en Europa como lugar dedicado no solo a la memoria del accidente, si no también al estudio y conservación de la naturaleza. El mantenimiento de esta gran superficie será vital para la conservación de multitud de especies amenazadas.

35 años después del accidente nuclear que se suponía iba a acabar con la vida de la zona durante milenios, Chernóbil se ha convertido en uno de los grandes refugios europeos para el perseguido lobo. Y así debería continuar.