Una investigación que ha revelado los restos mortales de 215 menores de edad en una fosa común sorprendió a las autoridades canadienses. Los cuerpos se encontraban dentro de la Escuela Residencial India Kamloops, un colegio cerrado en 1978 y que se había levantado con el objetivo de facilitar la integración de la población indígena

 Un experto descubrió los restos humanos el pasado fin de semana utilizando un georradar en el lugar donde se encontraba el internado, cerca de Kamloops, en la provincia occidental de Columbia Británica, según anunció la comunidad aborigen Tk’emlups te Secwepemc, en un comunicado de prensa.

«Algunos apenas tenían tres años», dijo Rosanne Casimir, jefa de la comunidad, sobre los niños. Según ella, su muerte, cuya causa y fecha se ignoran, nunca fue registrada por la dirección del internado, aunque su desaparición ya había sido mencionada en el pasado por miembros de esa comunidad.

Se espera que los resultados preliminares de la investigación se publiquen en un informe en junio, dijo Casimir. Mientras tanto, la comunidad está trabajando con el médico forense y los museos de la provincia para tratar de arrojar luz sobre el hallazgo y encontrar cualquier documentación relacionada con las muertes.

 Ante la confirmación de este hallazgo, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, ha calificado estas más de 200 muertes de menores de edad como un “doloroso recordatorio de un capítulo vergonzoso de la historia de nuestro país”. Y es que, este tipo de escuelas o internados se crearon en los siglos XIX y XX. Su objetivo no era otro que asimilar de forma forzosa a los jóvenes indios, con una financiación que recibían del Estado y gestionadas por organizaciones religiosas.

«Me rompe el corazón», reaccionó en Twitter el primer ministro canadiense, Justin Trudeau. «Es un triste recuerdo de este oscuro y lamentable capítulo de nuestra historia. Mis pensamientos están con todos los afectados por esta desgarradora noticia», escribió el mandatario, que ha hecho de la reconciliación con los primeros pueblos de Canadá una de sus prioridades desde que asumió el cargo en 2015.

El antiguo internado, gestionado por la Iglesia católica en nombre del gobierno canadiense, fue una de las 139 instituciones de este tipo creadas en el país a finales del siglo XIX. Se inauguró en 1890 y llegó a tener 500 alumnos en la década de 1950.

Cerró sus puertas en 1969. Unos 150.000 niños amerindios, mestizos e inuit fueron reclutados a la fuerza en estas escuelas, donde fueron apartados de sus familias, su lengua y su cultura.

Unos 150.000 niños amerindios, mestizos e inuit fueron reclutados a la fuerza en estas escuelas, donde fueron apartados de sus familias, su lengua y su cultura.

Muchos fueron sometidos a malos tratos o abusos sexuales, y al menos 3.200 murieron, en su mayoría de tuberculosis, según las conclusiones de una comisión nacional de investigación.

Dicha comisión escuchó el testimonio de varios nativos americanos que decían que la pobreza, el alcoholismo, la violencia doméstica y las altas tasas de suicidio que todavía golpean a muchas de sus comunidades son en gran medida el legado del sistema de escuelas residenciales.

En 1910, el director de la institución de Kamloops se quejó de que el gobierno canadiense no proporcionaba suficientes fondos para «alimentar adecuadamente a los estudiantes», según la declaración de la comunidad.

Ottawa se disculpó formalmente con los supervivientes de los internados en 2008 como parte de un acuerdo de 1.900 millones de dólares canadienses (1.300 millones de euros). Estos últimos fueron víctimas de un «genocidio cultural», según concluyó la comisión nacional de investigación en 2015.

Según indica Europa Press, los datos hablan de que más de 150.000 menores de edad indígenas habrían sido sacados de sus hogares y llevados a internados entre 1863 y 1998. En estas escuelas no se les permitía hablar su idioma nativo, ni siquiera manifestar su cultura y, además, sufrían constantes maltratos y abusos.

Una comisión de investigación determinó el pasado 2015 que muchos de estos menores no volverían nunca más a sus casas ni a sus comunidades, en lo que reconocieron se trataba de un «genocidio cultural». Además, el Proyecto Niños Perdidos ha identificado a 4.100 menores fallecidos hasta el momento. Muchos de ellos incluso se encuentran sepultados en los propios internados, como el último caso hallado.

 

AGENCIAS Y DIARIO AS